Como escritora, conferencista y psicoterapeuta, mi trabajo se enfoca en 4  áreas fundamentales relacionadas con la personalidad y el comportamiento, con miras a generar en cada persona la consciencia de ser un proyecto de desarrollo humano sostenible:crecimiento en calidad humana, relaciones sociales y afectivas, vida laboral y crianza. La segunda de éstas cubre todos los aspectos para tener relaciones sociales y afectivas sanas.

Cuando la persona no cuenta con cualidades vitales, a saber: autoestima, motivación interior, amor, autocontrol, mentalidad abierta, autonomía, asertividad, pensamiento realista, tolerancia a la frustración y capacidad para solucionar sus conflictos, entre otras, o cuando éstas son débiles, no resulta fácil interactuar con las demás personas: es complicado y angustioso hacer amigos, las relaciones de pareja se dificultan y, cuando se establecen, quedan expuestas a múltiples conflictos; la comunicación en familia es pobre, las relaciones laborales son insatisfactorias, y, en general cualquier relación social es disfuncional.

Por tanto, además de las cualidades mencionadas, es preciso desarrollar fortalezas tales como: habilidades sociales, inteligencia emocional, proyecto de vida, y comunicación en la vida de pareja.

Uno de los temas de mayor consulta es sobre relaciones de pareja. Para llegar a ser feliz en pareja y experimentar a largo plazo el sentimiento de amar y ser amado, no basta con la fórmula que durante siglos ha determinado cómo se conforma una relación amorosa: dos personas se gustan, se enamoran y, por algún tipo de acuerdo, se unen para compartir una vida en común. La realidad de hoy es que las separaciones, divorcios y largos noviazgos rotos alcanzan índices impresionantes.

Personas profundamente abatidas por alguna de estas experiencias se preguntan por qué siempre fracasan en el amor o por qué han perdido el amor de su vida. Para obtener una respuesta objetiva, no hay que conformarse con justificaciones; el único camino es escudriñar en lo que cada una hizo mal y lo bueno que dejó de hacer. Los amores no se apagan porque sí.

Cuando se acaban hay un por qué, es decir, una causa. Se mueren por razones muy concretas que envuelven, cada una, claros patrones de comportamiento cuyos daños son irreparables. En cualquiera de las circunstancias, los amores se deterioran, agonizan y llegan a su final. Los amores mueren por tres razones:

  1. Porque el amor se fija en la persona equivocada.
  2. Porque el amor nace de la necesidad.
  3. Porque lo dejan morir.