Como escritora, conferencista y psicoterapeuta, mi trabajo se enfoca en 4 áreas fundamentales relacionadas con la personalidad y el comportamiento, con miras a generar en cada persona la consciencia de ser un proyecto de desarrollo humano sostenible:crecimiento en calidad humana, relaciones sociales y afectivas, vida laboral y crianza. La cuarta de éstas concierne todo lo relacionado con la crianza.

Es un hecho elemental que no se puede educar a un niño en los valores que sus padres no tienen. Esto implica, en primer lugar, prepararse como persona para ejercer como padre. En segundo término, aprender todo lo relacionado con el rol propio de la paternidad: conocimientos sobre las pautas de crianza para lograr hijos felices, mentalmente sanos, y comprometidos con su medio social y su entorno natural, y una actitud abierta a los cambios de la cultura, la ciencia y la tecnología.

Además del interés por aprender cómo cultivar la personalidad sana y la vida feliz de los hijos, otros temas han sido objeto de gran atención en los colegios y entidades educativas. Uno de los más solicitados es el de cómo ser padres ante las amenazas de las redes sociales, juegos y otros distractores que pueden ocasionar desórdenes de personalidad en las semillas del mañana. Bien sabemos que las nuevas tecnologías de la información y de la comunicaciones representan recursos magníficos en todos los ámbitos, pero muchas personas desconocen el impacto negativo, y a veces terrible, que puede llegar a tener sobre los individuos el uso inapropiado de ellas, especialmente en los niños y los adolescentes.

Otro tema de mucha importancia, dado el alto índice de suicidios, los altos niveles de drogadicción, problemas derivados de la sexualidad, severos conflictos de carácter social y otros trastornos graves del comportamiento, es cómo prevenir estos desajustes para no tener que lamentarse después.

Finalmente, puesto que las mujeres, por muchas razones, en número cada vez mayor laboran fuera de su hogar, necesitan aprender a ocuparse con facilidad y eficiencia de la crianza de los hijos, las cuestiones domésticas, la relación de pareja y el trabajo por fuera del hogar, además de cuidar de sí mismas. Pese a que las cosas van cambiando, a diferencia de los hombres, todavía la mayor parte de las mujeres que trabajan se ven obligadas a hacer esfuerzos descomunales para armonizar sus distintos papeles. Cada persona tiene su propia manera de administrar el tiempo y sus quehaceres, pero no por ser propia siempre da buenos resultados. Por atavismo, o por desconocimiento de métodos mejores, en su afán de cumplir sus responsabilidades de madres, esposas y trabajadoras, muchas mujeres hacen un gasto de energía excesivamente alto. De otra parte, es tanto lo que corren y tantas las veces que tropiezan que, a pesar de hacer esfuerzos agotadores, obtienen, a la larga, pocas satisfacciones, en especial en lo que concierne a la educación de sus hijos.