Como en las últimas semanas, el viernes pasado decidí no utilizar internet hasta el lunes siguiente a la 6 de la mañana: no consultar nada, no abrir correos, no enviar ni leer mensajes de whatsap, no entrar a las redes sociales, ni jugar con el móvil. Estaba segura de que las personas que tuvieran algo urgente que comunicarme, lo harían por teléfono. El lunes, ¡qué alegría! comprobé una vez más, que el mundo había seguido su marcha sin mí, como si nada. La única diferencia, muy grata, por cierto, fue  haber podido ver, escuchar, sentir muy cerca a mis seres amados, y percibir el maravilloso mundo que me rodea.

¿Cuántos de mis amigos se sumarán a este propósito?

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