Ser tolerante no consiste en saber soportar la manera de pensar o de actuar de las demás personas, y, menos aún, en aceptar resignadamente sus errores, sus afrentas, o sus impertinencias. Tolerar es comprender las diferencias de gustos, creencias, necesidades y modos de actuar, sin librar una batalla campal por convencer al otro de lo contrario. Es admitir que estamos equivocados, que hemos aprendido una lección. Es pasar por alto, distinguir entre lo trivial y lo realmente importante, es no amargarse la vida por cualquier diferencia. Es poder decir: “a mi no me parece, pero…bueno”

La tolerancia es señal de madurez, inteligencia y mente abierta. No tiene nada que ver con el sacrificio, el aguante o la conformidad.

En mi libro UN AMOR QUE SIRVA, O UN ADIÓS QUE LIBERE, encontrarás esta y otras cualidades esenciales de la persona que está en condiciones de llevar una relación de pareja feliz.

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