Provocar miedo es el propósito común de los acosadores conyugales, y mediante el miedo, lograr la sumisión de su pareja y asegurar su silencio. Cada abusador sabe como tratar a su víctima, conoce lo que mejor funciona para lograr sus fines. El sometimiento del cónyuge intimidado comprende varios comportamientos orientados a aplacar o prevenir la furia de su agresor, tales como dar justificaciones, recibir los embates sin protestar, afanarse en mejorar su desempeño, mantenerse alejado de su familia y de sus amigos para cumplir con su exigencia.

Lo más grave de la conducta de un hombre, o una mujer, víctima de acoso por parte de su cónyuge, consiste en que, atenazada por el miedo, opta por ocultar su situación a las personas que la quieren y que podrían ofrecerle apoyo. Calla porque el miedo se apodera de sus emociones, de su mente y hasta de su cuerpo. Es así como la persona dominada por el miedo a su compañero simula llevar una relación normal, incluso ante los demás se ufana de tener un compañero magnífico, cuyas virtudes exalta. Algunas personas lo hacen por evitar nuevos y peores conflictos dado caso que su compañero llegue a saber de su infidencia. Este es un motivo consciente, pero inconscientemente, tal vez, ellas, como todas las demás, lo hacen por otras razones, la más fuerte de las cuales es la vergüenza. Los padres, ¿qué dirán?

Es probable que le hubieran advertido antes de casarse y, entonces la despacharán con un “te lo dijimos”. Quizá no le crean, tal vez piensen que ella tiene la culpa de los enfrentamientos con su marido; o no querrán intervenir, para evitarse problemas. Las amigas y parientes la mirarán con lástima, la criticarán, eso es seguro. La culpa es otra de las emociones que inhibe a una persona acosada por su pareja para callar su desgracia a los oídos de sus seres queridos, por haberla elegido para compartir la vida, y, sobre todo, por haber aceptado el trato que recibe. Sólo ella puede ser tan estúpida, piensa. Su autoestima se vuelve añicos.

María Cecilia Betancur, libro AL OTRO LADO DEL MIEDO

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