He tenido en mi consulta a muchas personas devastadas por la tristeza y la rabia de haber sido abandonadas por su pareja. Se quedan ahí, paralizadas, culpándola, haciéndole mil preguntas, suplicándole, o mortificándola, y lo peor, negándose a aceptar la realidad. En ciertos casos, cualquiera de estos comportamientos es explicable; cuando nada hacía presagiar una ruptura, cuando nunca hubo señales de desamor o descontento. Estas personas necesitan mucha fuerza interior, y quizás también ayuda externa, para  lidiar con sus sentimientos y reacciones autodestructivas. Para ellas no es fácil entender lo sucedido. El dolor parece tener toda la justificación del mundo. No obstante, cuando hay un cierto grado de inteligencia racional y emocional y un nivel adecuado de autoestima, la tarea de reedificación interior siempre da resultados, incluso más elevados que la simple aceptación, la calma y el control.

La experiencia profesional me ha enseñado que son más los hombres y mujeres que experimentan la misma situación de abandono, al igual que aquellas son arrastradas por negras espirales de ira y depresión, y asumen comportamientos similares, pero, a diferencia de las anteriores, viven las consecuencias de una ruptura anunciada. Sabían que en cualquier momento podía suceder, eran conscientes de lo frágil de su relación, de lo conflictiva o insatisfactoria que era y, lo más extraordinario, ellas mismas, en el fondo, muchas veces habían deseado separarse. No se atreven a reconocerlo, pero, ¿sabes por qué es tan grande la rabia, tan honda la amargura de una persona en estas circunstancias? Porque el compañero se adelantó, tomó la iniciativa; fue él quien la dejó. ¡Cuán despreciable se siente!  Su amor propio, si es que algo tenía, quedó herido de muerte. Con toda su lucha por retenerlo  no pretende recuperar una buena relación que se acaba de truncar. En verdad la relación ya estaba rota desde tiempo atrás. Lo que busca es restablecer su valía como ser humano, su amor propio, una buena relación consigo misma sin la cual no se puede vivir en paz, y recuperar, tal vez la oportunidad de ser ser la primera en decir “te dejo”. Un duro proceso de duelo y reconstrucción se avecina. También la tiene difícil, pero puede lograrlo, si elige el camino correcto, en lugar de dar vueltas y vueltas sobre una superficie de cristales rotos.

Te invito a leer dos  de mis libros: UN AMOR QUE SIRVA O UN ADIÓS QUE LIBERE, y EL CORAZÓN HERIDO,

remedios para el dolor y ejercicio para el olvido.     

MARÍA CECILIA BETANCUR

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